sábado, 29 de octubre de 2011

El hombre gato

Cuenta la leyenda que Brandsen, Buenos Aires, Argentina, fue el primer lugar afectado por la aparición de "El Hombre Gato", cuando éste atacó a una mujer en medio de la noche.
En la primera crónica policial se hablaba de un extraño ser denominado "El Gato Montés", el cual vestía ropas oscuras, salía encapuchado, y usaba unas pequeñas garras de metal en sus guantes.
Enseguida, la sociedad argentina se encontró con el terror de que un "monstruo" podía atacar a cualquier desprevenido que caminara en mitad de la noche.
Con el correr de los días, por aquel 1984, la prensa y la voz de la gente comenzaron a llenarse de más y más argumentos. Lo que al principio pareció una simple fechoría de un loco suelto, entró en el terreno del pánico, cuando continuó con otras tantas víctimas.
Cuenta la leyenda que, cuando ya alcanzó por completo el mote de "Hombre Gato", aquel caballero oscuro y con capa, casi como salido de un comic, continuó sus andanzas, atacando a golpes, hiriendo y hasta robando. Pronto, y gracias a un supuesto entrenamiento, sumado a las garras de sus guantes y púas en sus suelas, correteó y trepó por árboles y techos, de barrio en barrio, de localidad en localidad, llegando a colmar los miedos de gran parte de Buenos Aires.
Se decía que el Hombre Gato tenía aspecto humano, que en su persona no había nada de felino, pero que padecía ciertos rasgos deformes y que sus actitudes y sonidos eran muy similares a las de un gato en ataque.
Al poco tiempo la prensa descubriría una verdad aún más grande: no se trataba de "El" Hombre Gato, sino de "Los" Hombres Gatos, explicando con esto el rápido avance que había tenido en barrios alejados, muchas veces en la misma noche.
El personaje en plural trajo enseguida la conjetura que se trataba, pues, de un siniestro plan de alguna clase de secta, de seres despojados de toda cordura y humanidad, quizás deformes abandonados a la buena de Dios por madres que no aceptaban hijos defectuosos. Y todos ellos, decrépitos y tullidos habían sabido unirse entre las sombras que los habían ocultado por años, para finalmente lanzarse contra una sociedad "perfecta".
Y si bien se investigó al respecto y hubo muchas personas que resultaron heridas, la Ley jamás pudo dar con el Hombre Gato. Y más allá de aquellas publicaciones que trataban de distraer la atención, comentando que la Policía había detenido y abatido a unos cuantos, la verdad era que nada los detenía.
Hasta que un buen día, entrado el año 1985, aquellas bestias desaparecieron como por arte de magia, sobre todo de las páginas de los periódicos que se llenaban la boca hablando del suceso, y no dejaron ningún rastro más que un fugaz paso por las mentes de la gente de Buenos Aires.
Quizás sea cuestión de andar viendo con detenimiento las copas de los árboles, o investigar un poco más acerca de aquellos maullidos extraños en la noche, o saber si realmente vive gente en aquella gran casona abandonada. Porque un buen día podrían estar de vuelta, de forma tan repentina como fue allá en el tiempo, hace poco más de 20 años.
Es por eso que nunca está de más volver temprano a casa, y menos de a pie. Es por eso que es prudente cerrar todas las puertas con doble llave, ver la posibilidad de poner una alarma, y ya es hora de podar un poco la densa copa del árbol de la vereda, la cual puede estar albergando una pesadilla.
Será cuestión que tanto adultos como niños, antes de acostarnos, revisemos si realmente hay algo que se oculta debajo de la cama.

REALIDAD
Hablar acerca de un Hombre Gato hace 20 años, o en la actualidad, o siquiera mencionarlo en la época que sea, solamente despertaría lo que despertó entre 1984 y 1985: horror.
Cuando cierto periodista de televisión y ciertos periódicos con toques sensacionalistas hablaron de la aparición de un sátiro – ladronzuelo, la semilla ya estaba puesta en su lugar. Lo que germinó junto al asombro y la incredulidad fue la transmisión necesaria para que aquellos espacios en blanco en los medios pudieran crear un personaje, que el tiempo convirtió en mito.
Cuentan las primeras crónicas que vecinos de Lomas de Zamora se vieron atacados por un misterioso hombre, vestido de negro. Sus andanzas consistían en salir por las noches a atacar a golpes y arañazos a desprevenidos, ocasionando heridas en brazos, espalda y cara, y hasta la rotura de dientes. Lo curioso de este denominado "Hombre Gato" era que tenía una particularidad que lo distinguía de cualquier loco, drogadicto o asaltante que pudiera andar suelto: El Hombre Gato maullaba.
Esto, sumado al disfraz que "esa" prensa le diseñó, lo que llevaron a una psicosis general.
De ahí en más, los cuentistas de las noticias no tuvieron más que dejar de inventar y salir a colectar datos de gente que "creía haberlo visto en..." o que cualquier daño extraño a una propiedad "seguramente haya sido por los zarpazos del Hombre Gato".
La televisión y los diarios del estilo nombrados, empezaron a bombardear con pequeñas noticias (casi de color), algo así como lo que hoy sería un desnudo de una modelo. Y en todas ellas, alimentando a la gente con miedos, fobias, y sembrando la sensación de que cualquier figura nocturna se tratara de el temible demente.
Los árboles eran lugares peligrosos para acercarse, después de las doce cualquier maullido en la noche era una señal para quedarse en casa y, por qué no, poner doble llave.
De ahí en adelante el paralelismo fue tremendo.
Por un lado, los medios se encargaron de darle acción al asunto, narrando que alguna que otra persona en tal o cual barrio era confundida con el Hombre Gato; o que en tal otro lugar se había visto al monstruo merodeando una plaza, montado en un (y esto es genial!) Fiat 600 Rojo.
Por el otro, el pueblo hizo que el asunto tome más personalidad. Y enseguida la leyenda urbana se convirtió en plural: un clan de Hombres Gatos, posiblemente una secta Brasilera! Y hablar de una secta Brasilera en aquel momento, era algo que sólo causaba pavor por lo desconocido.
Sin embargo, años más tarde, el país se vio invadido de grupos mágicos, pero que tenían que ver más con el tarot, videncia y hechizos salvadores.
La realidad era que el país venía de una época de poca cultura. El cerebro adormecido de los lectores de noticias y la poca capacidad de razonar de la gente hizo que el chiste del Hombre Gato, creado para una simple nota, llegase a conseguir su imperio entre leyendas y chismes: el Monstruo moderno (y Argentino).
El caos no tardó en venir. No sólo la gente hizo bien los deberes y se fue a dormir temprano, sino que se generaron muchas confusiones, algunas de ellas dejando saldos de violencia y vecinos heridos entre sí. Incluso más de uno fue perseguido por su posible "contacto" con el bando de los felinos deformes.
Finalmente, un buen día, quizá alguien escribió algo de más, o quizá todo se estaba yendo lentamente de las manos, cuando desde algún lado alguien bajó el pulgar. La nación renovada y en democracia no necesitaba a un pueblo paranoide, creyendo el cuento de un asesino en serie que nadie había realmente visto.
Y el Hombre Gato en cuestión, murió.
Revisando archivos de la época, es interesante encontrar cómo muchos medios callaron y otros comenzaron a cerrar el cuento que ellos mismos crearon, a su vez deformado por el colectivo, en donde estos fantásticos seres comenzaban a ser apresados o eran acribillados por la Policía.
Cuando no quedó más que decir, los argentinos nos tranquilizamos (como siempre), escuchamos un gracioso tema de cumbia oportunista (como siempre) y nos dormimos (como siempre), para olvidamos.
En la actualidad, cuando se habla de aquel fenómeno, muchas personas, llegan a preguntar con cierto aire inocente: "Existió?" y no falta el que responde "Fue verdad! Una vecina lo vio!". Pero en general, se lo olvidó.
El Hombre Gato fue una de las mas grandes creaciones del periodismo amarillo en pleno resurgimiento de la Democracia, de la mano de un pueblo inocente, a su vez arrasado por una dictadura violenta.
El resultado: la realidad de un mito que pisó casi tan fuerte como aquellas bellas bestias de la antigüedad, la cuota justa de horror para que niños y grandes se vayan a la cama por la noche y sin chistar.

viernes, 21 de octubre de 2011

La chica de la radio

Annie era una chica de 19 años, que trabaja como presentadora en un programa de radio. En los descansos entre el programa, ella y sus compañeras solían ir a una cafetería cercana. Allí preparaban unos bollitos exquisitos, pero la dueña era una vieja amargada y muy arisca.

Un día que fueron allí en un descanso a tomar algo. Y como de costumbre pidieron un café y unos de los famosos bollitos. La vieja se los sirvió. Pero esta vez fue tan grosera, que la chica se enfadó y derramó el café. La vieja se puso histérica, y empezó a insultar a la chica. A la que está le contestó de la misma forma: \"estoy harta de tí vieja insolente, ojalá se te quemara todo el negocio y te murieras para siempre.\" Y se marchó.

Durante el programa, su jefe les avisó de que tenía una noticia de última hora. Esta era: \"Les avisamos con una noticia de última hora de que la cafetería que ahi al lado de nuestra emisora ha salido ardiendo y han muerto quemadas todas las personas que habían en ella.\"

La chica salió al baño incrédula de lo que había escuchado.El pasillo estaba desierto, y de pronto empezó a oír unos ruidos. El temor recorrió su cuerpo, y fue aligerando el paso. Hasta que unas sombras la rodearon. Entre ellas estaba la vieja, con todo el cuerpo quemado, y todos los clientes con los cuerpos calcinados. La vieja le dijo: \"ahora querrás no haber deseado nada\"

sábado, 8 de octubre de 2011

Autopista fantasma

 
Una de las leyendas urbanas más viejas y más repetidas de todas, la historia del autoestopista fantasma viene en muchas formas. La versión más popular incluye a un hombre quien recoge a un joven autoestopista (usualmente una chica) en un camino solitario. La conduce hasta su casa, pero cuando él se voltea para decirle adiós el se da cuenta que ella ha desaparecido inexplicablemente de la parte trasera del automóvil. Confundido, el hombre toca el timbre de la casa, donde él es informado que la niña ha estado muerta por muchos años, asesinada en un accidente de tránsito en ese mismo lugar donde él la había recogido un rato antes. Hay un número de variaciones para esta historia, y es tan antigua que las primeras versiones se llevan a cabo en caballo o carrozas.